viernes, 29 de julio de 2011

CRUZADAS TEMPLARIAS

CURIOSIDADES DE LAS CRUZADAS TEMPLARIAS.

Al margen de las Cruzadas oficiales, entre los siglos Xl y Xlll, se produjeron otras campañas de origen popular, que al igual que aquéllas, pretendían la reconquista de los Santos Lugares. A finales del siglo Xl unas 15.000 personas de los pueblos y ciudades del centro de Francia, Suabia y Baviera, se lanzaron a los caminos para marchar a Tierra Santa. Fue la llamada "Cruzada de los Pobres". La mayoría eran gentes sometidas a las arbitrariedades de los señores feudales y vieron en esta aventura la oportunidad de escapar a un destino cruel. Casi todos, faltos de organización y de subsistencia, murieron en su marcha por Europa Central y los pocos que sobrevivieron, cayeron en Oriente Medio. Pero quizás la más triste de estas campañas fue la "Cruzada de Los Niños", en el año 1212. Miles de niños y adolecentes, franceses y alemanes, se dice que participaron unos 70.000, partieron de sus lugares de origen con el ideal de ganar para la cristiandad Jerusalén y el Santo Sepulcro. Dios no podía mostrarse insensible a la inocencia infantil, y sin duda les otorgaría la victoria allí donde los cruzados, con sus matanzas, no habían conseguido nada. Sthepan, un niño francés de 13 años, guió a los suyos y Nicolás, un adolescente de 15 años, hizo lo propio con los alemanes. Algunas mujeres y hombres jóvenes acompañaron a esta extraña expedición.
Las bajas comenzaron a producirse desde el mismo inicio de la marcha. El hambre y el frío hicieron estragos en las huestes infantiles. Los que superaron todo tipo de penalidades y lograron embarcar hacia su lejano destino, fueron dirigidos a los puertos de Argelia y Egipto donde se vendieron como esclavos y para los burdeles. Unos pocos alcanzaron Tierra Santa y allí se perdió definitivamente su rastro.

La cruzada de los pobres

El llamamiento de Urbano II produjo dos consecuencias inmediatas: por un lado la organización, a cargo de la nobleza, de una expedición oficial a Tierra Santa; por otro, el movimiento espontáneo del pueblo, de hombres y mujeres anónimos que, entusiasmados por las promesas papales, se pusieron bajo el mando de Pedro el Ermitaño, para que éste guiara la cruzada popular. Si bien no hay constancia de que Pedro hubiese estado presente en el llamamiento oficial de Urbano en Clermont, lo cierto es que antes de que acabara 1095 ya andaba predicando por pueblos y zonas campesinas de Francia la necesidad de la cruzada. Hombre extraño, Pedro llevaba una vida casi de mendigo: vivía de la caridad pública, vestía sucios harapos, mientras que insistía en que el segundo advenimiento del Redentor se hallaba próximo. Los pobres, profundamente imbuidos de sentimiento religioso, veían en él a un visionario; su aspecto paupérrimo contribuía a crearle la aureola de santidad que lo rodeaba. Sus discursos encendidos y pasionales, despertaban el entusiasmo general. 
A tenor de la proclama de Urbano, se lanzó a reclutar gente, sobre todo siervos, a fin de llevarlos en calidad de jefe hacia Jerusalén. Después de atravesar Francia se encaminó a Alemania, enviando discípulos hacia los lugares que él no podía visitar. Pronto comenzó a seguirlo una multitud harapienta calculada en cincuenta mil personas.
La multitud recorrió en pesados y sucios carromatos los intransitables caminos de Europa medieval. Su objetivo era Constantinopla, como paso previo para llegar al Santo Sepulcro. En tan extenuante marcha, Pedro continuaba predicando; su ejército se veía por dicho motivo constantemente engrosado por nuevos campesinos, caballeros empobrecidos, bandoleros y criminales. En Alemania se le sumaron algunos señores. Camino de Oriente, cometieron todo tipo de atrocidades, obsesionados por la idea matar infieles y por la necesidad de alimentarse. Finalmente, enfermedades diversas y el cansancio de una travesía interminable produjeron los explicables estragos. Tan sólo un número reducido de astrosos cruzados llegó a Constantinopla a finales del verano de 1096. Allí se embarcaron con rumbo a Asia Menor donde, después de varias batallas, fueron aniquilados por los turcos. De Pedro el Ermitaño, generador y conductor de esta cruzada de los pobres,  no se tuvieron más noticias. 

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