viernes, 29 de julio de 2011

En la Mesoamérica prehispánica ya se conocía la Nebulosa del Cangrejo



La civilización de Teotihuacán fue una de las más esplendorosas de Mesoamérica, alcanzando avances tecnológicos sin precedentes en el Nuevo Mundo para la época de su proliferación (más o menos durante el siglo X). Los legados de esta civilización fueron impresionantes, y su caída dio lugar al nacimiento de numerosas culturas. La mayoría de ellas adoptaron muchos de sus avances tecnológicos. Una de ellas fue la civilización Chachihuiteña, la cual fue estudiada exhaustivamente por una investigación realizada por la UNAM mexicana llamada “Hervideros”. La puesta en práctica de este proyecto ha dado lugar a un descubrimiento muy significativo para Mesoamérica, el cual ha despertado un notable interés en las culturas emanadas de Teotihuacán y sus avances tecnológicos. Se trata de un marcador astronómico que se ha grabado en una piedra de origen volcánico, y que muestra el lugar exacto donde se produjo la supernova que dio lugar a la nebulosa conocida como Nebulosa del Cangrejo. Estos marcadores astronómicos ya habían sido encontrados en sitios que van desde Guatemala hasta el norte de México. Estos toman la forma de círculos o rectángulos con señalizaciones con puntos. Este descubrimiento pone en boga dentro del ambiente de la Arqueología a las culturas mesoamericanas, civilizaciones que fueron muy grandes en número y que han demostrado avances tecnológicos de toda índole que hacen que la admiración se centre en ellas. Esta región de Latinoamérica junto a la Zona Andina son dos focos de civilizaciones prehispánicas que siempre han sorprendido a los investigadores a causa del nivel de sus avances tecnológicos; y este descubrimiento suma a ese montón de hallazgos increíbles. Es sorprendente hasta dónde llegaron aquellos pueblos que nos antecedieron en el tiempo.



LOS ADELANTOS CIENTIFICOS NO SIEMPRE FUERON ACEPTADOS

Los inventos y descubrimientos que constituyeron grandes innovaciones, cada uno en su momento y época, no siempre fueron tomados y recibidos con alegría, y a veces ni siquiera eran tomados como signos de adelanto o crecimiento. Es que, generalmente, nos resistimos a los cambios. A fines del siglo XIX, cuando el ferrocarril se impuso como un beneficio en materia de comunicación, algunos espíritus apesadumbrados no dudaron en afirmar que esta máquina era terrorífica y que en los túneles la gente moriría asfixiada. Sostenían que a una velocidad superior a 50 Km por hora la sangre saltaría por la nariz y las orejas y los viajeros morirían en medio de horribles convulsiones.

Cada vez que se presentó un avance cultural devenido de una conquista tecnológica hubo resistencias. La imprenta difundió el libro y surgió la lectura silenciosa. Por primera vez la sociedad se inquietó al ver cómo algunos jóvenes se aislaban para leer aventuras románticas y poemas. Médicos y educadores les pronosticaron asma, confusión entre fantasía y realidad, miopía, conductas antisociales y hasta hemorroides merced a la nueva modalidad de lectura.

Luego fue temido el cine como agresión al sistema nervioso por la velocidad del estímulo lumínico, más tarde la TV como enemiga del cine y del diálogo familiar. Últimamente se ha demonizado a los videojuegos como generadores de violencia, sin embargo el único estudio serio publicado al respecto permite afirmar que, en la línea del estudio de los efectos, lo que promueve más ansiedad y tensión son los noticieros y sus contenidos violentos reales.

Aldous Huxley, publicó en 1932 "Un mundo feliz", donde toma a la Ford Motor Company como el modelo para la sociedad panóptica, ordenada, estandarizada, con su laboratorio, hospital, escuela y consumo dirigido que se describe en su novela. Este escritor consideraba que “la mecanización crea uniformidad exterior e interior de la conducta, limita la elección estética con la imposición de artículos estandarizados. Es bien sabido que la tecnología, además de facilitarnos la vida, se ha usado para acabar con ella, acabar con la vida a través de herramientas increíblemente destructivas. Un muy buen
ejemplo es el caso Hiroshima y Nagasaki, borradas del mapa por una bomba producto de la tecnología de 1945.
El hecho de que la tecnología sea causante de muchos de nuestros males, provoca que la gente proteste de ello, salgan a las calles o se organicen para hacer válido su pesimismo tecnológico. Dicho pesimismo lo vemos después de una época difícil en la historia humana, la Segunda Guerra Mundial. Surgen movimientos ecologistas que se encargan de hacer notorio que los avances tecnológicos atraen más problemas de los que soluciona.

LA CAJA DE PANDORA Y EL ORIGEN DEL HOMBRE.

Uno de los temas que han inquietado el interés de los hombres a lo largo de toda su historia es la creación del mundo. Los antiguos griegos tenían su propia forma de contar la historia, que era como sigue:
Prometeo fue uno de los Titanes, una raza de gigantes que habitó la Tierra antes de la creación del hombre. A él y a su hermano Epimeteo fue encargada la tarea de hacer al hombre, y proveerlo, tal como a los otros animales, de las facultades necesarias para su preservación. Epimeteo fue el obrero y Prometeo vigiló el trabajo. Así fueron otorgando a los diferentes animales de coraje, fuerza, rapidez, sagacidad; garras para uno y alas para el otro, etc... Pero cuando llegó el momento de dar sus dones al hombre, que tenía que ser superior a todos los demás animales, Epimeteo había sido tan pródigo con sus recursos que ya no le quedaban dones.
Prometeo entonces, para subsanar la situación, subió al cielo y, con la ayuda de Atenea, encendió su antorcha en el carro del Sol, y le regaló el fuego a los hombres. Este don hizo al hombre mucho más que todos los animales. El fuego permitió al hombre fabricar armas para vencer a los animales y herramientas para cultivar la tierra, pudo calentar su casa para independizarse del clima, y finalmente introdujo las artes y la moneda, lo que significa intercambio y comercio.
La mujer todavía no había sido creada. La leyenda cuenta que Zeus hizo a la mujer y la envió a Prometeo y su hermano para castigarlos por haber robado el fuego... y también para castigar al hombre por haber aceptado el don.
La primera mujer fue Pandora. Fue hecha en el cielo y todos los dioses contribuyeron en algo para perfeccionarla. Afrodita le dio belleza, Hermes la persuasión, Apolo la música, etc... Así equipada, Pandora fue llevada a la Tierra y presentada a Epimeteo que la aceptó feliz, a pesar de los temores de su hermano, que no confiaba en Zeus y sus regalos.
Epimeteo tenía en su casa una habitación donde guardaba algunos objetos que no había alcanzado a repartir por la Tierra. Entre ellos un baúl. Poco a poco fue creciendo en Pandora una gran curiosidad por conocer el contenido de dicha caja; finalmente, un día quebró el sello y abrió la tapa para mirar dentro. Pero en ese mismo momento escaparon de la caja una multitud de plagas para atormentar a los hombres, como la gota, el reumatismo y los cólicos para el cuerpo, y la envidia, la ira y la venganza para el alma, y estos males se repartieron por todas partes. Pandora se apresuró en cerrar la caja, pero ya era tarde, todo el contenido de la caja había escapado, exceptuando una sola cosa que yacía confundida al fondo, esa era la esperanza. Desde entonces, aunque los males nos acechen, la esperanza nunca nos deja por entero. Y mientras tengamos un poco de esperanza, ningún mal puede derrotarnos completamente.
Sigue contando la leyenda griega que desde cuando la Tierra estuvo poblada, han sucedido las edades:
 La primera fue una era de inocencia y felicidad, llamada la Edad de Oro. La verdad y el derecho permanecían siempre vigentes, aunque no estaban obligados por ninguna ley escrita, ni hubiese magistrados encargados de hacerlos cumplir, ni castigos para los infractores. En esa época los bosques no eran talados para construir navíos, ni tampoco para levantar fortificaciones alrededor de las ciudades. No había espadas, lanzas ni yelmos. La Tierra entregaba lo suficiente para la supervivencia de los hombres, sin que fuera necesario el trabajo de sembrar o recolectar. En esa edad, decían los griegos, reinaba una eterna primavera, y los ríos fluían con leche, vino y miel amarilla destilados de los arces.
A esta era feliz, sucedió para los hombres, la Edad de Plata, inferior a la del Oro, pero superior a la de Bronce, que vendrá después. Al comienzo de la Edad de Plata, Zeus acortó la primavera y dividió el año en estaciones. Se endurecieron los extremos del frío y el calor, y fue necesaria la construcción de las casas. También fue necesario desde entonces sembrar los granos para conseguir una germinación adecuada. Y se comenzaron a redactar las primeras leyes y nacieron los primeros funcionarios encargados de vigilar su cumplimiento. La Edad del Bronce fue más salvaje, las leyes se transforman en códigos y los hombres se muestran dispuestos a atacar apenas ven a otro más débil. Pero la era más dura, la peor, es la Edad del Hierro. Dicen los griegos que en esa época, el crimen se entronizará en la sociedad humana; la modestia, la verdad y el honor no serán considerados más que como palabras vacías, el lugar que ocupaban como valores humanos, serán reemplazados por el fraude, el engaño, la violencia y el enfermizo afán de ganancia. Los marinos navegarán por todos los mares y los árboles serán desprendidos de las montañas. La Tierra, que hasta ahora había sido cultivada en común, comenzó a ser dividida en posesiones particulares y los hombres, insatisfechos con la producción de la superficie, comienzan a horadarla para extraer las riquezas de su interior. Entonces se produjo el engañoso hierro y el oro, más peligroso aún. Usando ambos metales como armas, la guerra se extenderá por todas partes. El visitante no estará a salvo en la casa del amigo; hijos y padres, hermanos y hermanas, maridos y mujeres desconfiarán el uno del otro; los hijos querrán que sus padres mueran, para heredarlos; desaparecerá el amor familiar y la Tierra se cubrirá de risas falsas y los dioses la irán abandonando uno a uno. La última en dejar la Tierra será Astrea, la inocencia y pureza, hija de Themis, la justicia.
Viendo este estado de cosas, Zeus arderá de ira y convocará a un congreso de dioses. Todos obedecen el llamado y toman camino hacia el palacio de los cielos. El camino, que uno lo puede ver claramente en las noches, en el centro de cielo: la Vía Láctea. A lo largo del camino se encuentran, según los antiguos griegos, los palacios de los dioses más ilustres, los seres corrientes del cielo viven en cambio a ambos lados de la Vía. Una vez reunidos los dioses, Zeus se dirige a la asamblea describiendo el espantoso estado de la Tierra y termina anunciando su decisión de destruir a la totalidad de sus habitantes para crear una nueva raza, distinta de la anterior, que sea más feliz de vivir y así alaben mejor la grandeza de los dioses.
Apenas terminó de hablar, Zeus toma uno de sus rayos y cuando iba a arrojarlo contra la Tierra para destruir mediante el fuego a sus habitantes, cuando se dio cuenta de que una conflagración así pudiera poner en peligro a los propios cielos y cambió de táctica. Amarró al viento del norte y soltó las cadenas que aprisionaban al viento del sur. Pronto un manto de nubes negras cubrió la Tierra dejando caer torrentes de lluvia. Las plantas de granas se tendieron y la labor de los campesinos quedó destruida en menos de una hora. No contento aún, Zeus llamó a su hermano Poseidón, el dios de las aguas terrenales. Éste sacó de madre a los ríos que inundaron la Tierra al mismo tiempo que ordenaba un terremoto que hizo caer el flujo de los mares sobre las playas. Castillos, hombres, animales y casas fueron barridos por las aguas embravecidas. Cualquier gran edificio intacto era asaltado por las olas y pronto sus torres quedaban sumergidas.
 Los textos y las tradiciones clásicas se explayan en la descripción de esta destrucción hasta que finalmente no quedó sino agua sobre la superficie de la Tierra, sólo el Parmaso, elevado sobre todas las montañas, se levantaba sobre las aguas. Allí buscaron refugio los únicos sobrevivientes. Deucalión y su mujer, Pyrra, ambos de la raza de Prometeo. Él era un hombre justo y Pyrra una mujer con gran fe en los dioses.
Apenas Zeus vio que estaba todo devastado y sólo quedaban estos sobrevivientes, soltó al viento del norte para que despejara las nubes y separase los cielos de la tierra. Poseidón ordenó a Tritón que soplara su cuerno. Las aguas obedecieron y poco a poco recuperaron su cauce normal, aparecieron otra vez las playas y los ríos volvieron a sus cauces.
Entonces Deucalión habló así a su esposa: "Esposa, única mujer sobreviviente, antes nos unió el matrimonio y la crianza de los hijos. Ahora nos une un peligro común. Tal vez haya recaído sobre nosotros el poder de nuestro antepasado Prometeo, y tendremos que renovar la raza humana tal como él lo hizo la primera vez. Pero como no estamos seguros, vamos al templo y preguntemos a los dioses lo que debemos hacer". Entraron al templo, deformado por el cataclismo y se acercaron al altar donde ya no ardía el fuego sagrado. Se postraron en tierra y rogaron por una inspiración divina que les permitiera resolver la miserable situación en que estaban. El oráculo respondió así: "Abandonen el templo con la cabeza velada, las vestiduras sueltas y vayan arrojando detrás los huesos de vuestra madre". Escucharon asombrados. Finalmente Pyrra comentó: "No podemos obedecer, ¿cómo vamos a profanar los restos de nuestros padres?”. Ambos cayeron después en una profunda meditación. Hasta que Deucalión dijo: "O me engaña mi inteligencia o hay una sola forma de cumplir este mandato sin caer en la impiedad. La Tierra es la gran madre de todo y las piedras son sus huesos. Esos son los huesos que podemos arrojar detrás nuestro sin ser impíos... Creo que eso es lo que quiere decir el oráculo, y por último, no haremos daño intentándolo". Así, velaron sus cabezas, se desataron las vestiduras, cargaron numerosas piedras y las fueron arrojando a sus espaldas a medida que caminaban.
Y entonces sobrevino el milagro: las piedras crecieron, haciéndose más suaves y adquiriendo formas humanas, como pedazos de rocas en las manos del escultor. Las piedras que arrojaba Deucalión se convertían en hombres y las de Pyrra en mujeres. Y así los dioses, eso decían los griegos, repoblaron la Tierra con una raza más acostumbrada al trabajo.
 Como arquetipo, Prometeo representa un poder amable, amigo de la humanidad, maestro de la civilización y de las artes. Claro que al hacerlo, transgrede la voluntad de los dioses y finalmente se hace acreedor al castigo de Zeus. El rey de los dioses lo hizo encadenar al monte Cáucaso donde un águila le comía a picotazos el hígado que crecía tan rápido como era devorado. Este tormento, dice la leyenda, pudo terminar en cualquier momento porque Prometeo sabía un secreto que afectaba la estabilidad del trono de Zeus. Prometeo se negó a revelar dicho secreto, transformándose así en el símbolo de la voluntad resistiendo a la opresión y del magnánimo martirio ante el sufrimiento inmerecido. Prometeo seria librado de tanto sufrimiento muchas más tarde por Heracles, que mato al águila con una flecha, debiendo cargar con las cadenas toda su eterna vida.

 

 

CRUZADAS TEMPLARIAS

CURIOSIDADES DE LAS CRUZADAS TEMPLARIAS.

Al margen de las Cruzadas oficiales, entre los siglos Xl y Xlll, se produjeron otras campañas de origen popular, que al igual que aquéllas, pretendían la reconquista de los Santos Lugares. A finales del siglo Xl unas 15.000 personas de los pueblos y ciudades del centro de Francia, Suabia y Baviera, se lanzaron a los caminos para marchar a Tierra Santa. Fue la llamada "Cruzada de los Pobres". La mayoría eran gentes sometidas a las arbitrariedades de los señores feudales y vieron en esta aventura la oportunidad de escapar a un destino cruel. Casi todos, faltos de organización y de subsistencia, murieron en su marcha por Europa Central y los pocos que sobrevivieron, cayeron en Oriente Medio. Pero quizás la más triste de estas campañas fue la "Cruzada de Los Niños", en el año 1212. Miles de niños y adolecentes, franceses y alemanes, se dice que participaron unos 70.000, partieron de sus lugares de origen con el ideal de ganar para la cristiandad Jerusalén y el Santo Sepulcro. Dios no podía mostrarse insensible a la inocencia infantil, y sin duda les otorgaría la victoria allí donde los cruzados, con sus matanzas, no habían conseguido nada. Sthepan, un niño francés de 13 años, guió a los suyos y Nicolás, un adolescente de 15 años, hizo lo propio con los alemanes. Algunas mujeres y hombres jóvenes acompañaron a esta extraña expedición.
Las bajas comenzaron a producirse desde el mismo inicio de la marcha. El hambre y el frío hicieron estragos en las huestes infantiles. Los que superaron todo tipo de penalidades y lograron embarcar hacia su lejano destino, fueron dirigidos a los puertos de Argelia y Egipto donde se vendieron como esclavos y para los burdeles. Unos pocos alcanzaron Tierra Santa y allí se perdió definitivamente su rastro.

La cruzada de los pobres

El llamamiento de Urbano II produjo dos consecuencias inmediatas: por un lado la organización, a cargo de la nobleza, de una expedición oficial a Tierra Santa; por otro, el movimiento espontáneo del pueblo, de hombres y mujeres anónimos que, entusiasmados por las promesas papales, se pusieron bajo el mando de Pedro el Ermitaño, para que éste guiara la cruzada popular. Si bien no hay constancia de que Pedro hubiese estado presente en el llamamiento oficial de Urbano en Clermont, lo cierto es que antes de que acabara 1095 ya andaba predicando por pueblos y zonas campesinas de Francia la necesidad de la cruzada. Hombre extraño, Pedro llevaba una vida casi de mendigo: vivía de la caridad pública, vestía sucios harapos, mientras que insistía en que el segundo advenimiento del Redentor se hallaba próximo. Los pobres, profundamente imbuidos de sentimiento religioso, veían en él a un visionario; su aspecto paupérrimo contribuía a crearle la aureola de santidad que lo rodeaba. Sus discursos encendidos y pasionales, despertaban el entusiasmo general. 
A tenor de la proclama de Urbano, se lanzó a reclutar gente, sobre todo siervos, a fin de llevarlos en calidad de jefe hacia Jerusalén. Después de atravesar Francia se encaminó a Alemania, enviando discípulos hacia los lugares que él no podía visitar. Pronto comenzó a seguirlo una multitud harapienta calculada en cincuenta mil personas.
La multitud recorrió en pesados y sucios carromatos los intransitables caminos de Europa medieval. Su objetivo era Constantinopla, como paso previo para llegar al Santo Sepulcro. En tan extenuante marcha, Pedro continuaba predicando; su ejército se veía por dicho motivo constantemente engrosado por nuevos campesinos, caballeros empobrecidos, bandoleros y criminales. En Alemania se le sumaron algunos señores. Camino de Oriente, cometieron todo tipo de atrocidades, obsesionados por la idea matar infieles y por la necesidad de alimentarse. Finalmente, enfermedades diversas y el cansancio de una travesía interminable produjeron los explicables estragos. Tan sólo un número reducido de astrosos cruzados llegó a Constantinopla a finales del verano de 1096. Allí se embarcaron con rumbo a Asia Menor donde, después de varias batallas, fueron aniquilados por los turcos. De Pedro el Ermitaño, generador y conductor de esta cruzada de los pobres,  no se tuvieron más noticias.